PETROGLIFOS Y NARRATIVA SAGRADA DEL CERRO MULATO
Por : David Ayasta Vallejo
Uno de los sitios con petroglifos,
emblemático para la región lambayecana, es el cerro ¨Mulato¨ (Chongoyape).
Ubicado a 200 m .s.n.m,
la zona corresponde a la parte superior del principal río lambayecano: el
Chancay-Reque.
Distante a menos de un kilómetro al
norte del mismo Chongoyape, posee
piedras de granito rojo; situación que explica el nombre de ¨Mulato¨. Estimados arqueológicos, señalan que fue sobre los finales
del periodo Formativo (500-200
a .C. aproximadamente) que la zona fue testigo de la
actividad del tallado de petroglifos.
Técnica de Elaboración
La altitud de la zona donde se ubica
el ¨Cerro Mulato¨ permite un control visual muy especial del valle. Los
talladores de petroglifos no obviaron ese detalle, por eso ubicaron los
petroglifos en el lado oeste del cerro, mirando hacia el valle medio y bajo. Se
talló la piedra con la técnica del ¨Golpeado superficial¨, una técnica que
permite grabar numerosos diseños en pocos días. Para ello, eliminaban
ligeramente la corteza superior de la roca, de manera que apenas profundizaban
en un milímetro, los diseños. Algo muy llamativo en este santuario
prehispánico, es que frecuentemente grabaron un diseño por roca. Y según Jorge
Rondón (1959) hay desde diseños chavinoides hasta diseños Incas.
Representaciones
Fue de este modo que perennizaron : seres antropomorfos (uno que porta
diademas y otra figura humana enlazada a águilas), representaciones zoomorfas (aves, peces, águilas, águila con pez,
"gusanos", lagartijas, venados, zorros, monos, "arañas"), Figuras geométricas (triángulos,
triángulos con puntos internos, óvalos con zig-zags, círculos, círculos con
triángulo dentro) , representaciones
celestiales (diversas figuras estrelliformes, semicírculos como una media
luna con una figura antropomorfa en su parte central, cruz griega con cruz
sencilla, cruz griega compleja con un punto central; cruces griegas
concéntricas) , etc. (Nuñez, 1986)
Significado
Por su ubicación y las imágenes
grabadas, el ¨Cerro Mulato¨, debió constituir sitio ceremonial y sagrado de
singular importancia en la época. Era prácticamente un templo al aire libre,
que pudo cumplir diversas funciones.
Se le concebía como un recinto de
seres vinculados al mundo nocturno, el mundo de los ancestros. La presencia de
imágenes petroglíficas de fauna vinculada al mundo de la noche como el venado,
el life, el yaguarundí, el oso de anteojos, gato montes, etc. permiten
demostrarlo. Inclusive zonas aledañas al ¨Mulato¨ sirvieron como cementerio de personajes
de la élite de la época, ataviados con emblemas de poder como coronas,
diademas, pectorales, orejeras, entre otros
En su cumbre del cerro, pudieron desarrollarse
ceremonias de propiciación para la llegada de las aguas. Son diversas la
representaciones de animales vinculados con la llegada de las aguas. Se pueden
notar petroglifos del perro de orejas cortas (Atelocynus microtis), culebra
gato (Leptodeira septentrionalis) y lagartijas (Microlophus peruvianus).
Fig. 1 Representación
de Microlophus peruvianus (lagartija) relacionada con la llegada de las lluvias
Los senderos y estructuras acondicionadas a lo largo del cerro, permiten atestiguar peregrinaciones cultistas, chamánicas y de observación astronómica, que pudieron estar vinculadas a grandes litoesculturas que parecen representar un pez diablo (Scorpaena afuerae), el cóndor andino (Vultur griphus) y un felino. Al fin y al cabo era esta la zona, desde donde fluían las aguas que hacían posible la vida en el resto del amplio valle
Siguiendo
el pensamiento del desaparecido Jean Guffroy (1999), tal diversidad de
actividades, en los centros petroglíficos ¨parecen
caracterizar su integración dentro de verdaderos templos al aire libre donde se
realizaban reuniones¨ (p.137) las mismas que involucraban a poblaciones de
la mayor parte del valle en tales actos.
Espacio originario de la narrativa
norteña
Una
actividad significativa en el cerro “Mulato”, parece haber sido la transmisión
de la tradición oral asociada a los petroglifos y al poder de las élites
sacerdotales que controlaban la zona. Al respecto es pertinente referir
antecedentes coloniales entre poblaciones nativas de Lima, que dan cuenta del carácter
sagrado de los petroglifos y su íntimo vínculo con las narraciones mágicas, el
poder de las fuerzas celestiales y las normas sociales de la época. Antonio de
la Calancha (1638) recogió un relato indígena en Calango (Lima) según los cuales,
una pareja de nativos lujuriosos fueron castigados por las fuerzas celestiales,
quedando perennizando el castigo y establecida la norma en la piedra y en el
relato. Asi contará “Esta piedra fue
tenida de tiempos inmemoriales en suma veneración…burlándose de ella un indio y
una su concubina en el acto venero, y estando (sobre la piedra) en su lasciva
sensualidad, a vista de otros, cayó un fuego del cielo ( estrella dicen los
indios) y no es tierra donde truena ni caen rayos, y sobre la piedra quedaron
muertos los sensuales, y en cenizas sus huesos, y quedó el terror en los
asistentes, y el miedo en los sucesores, y figuraron una como estrella junto a
la pisada…”. Una segunda versión de dicha relato recogido por el mismo Calancha
confirma que el petroglifo perennizaba la enseñanza moral que el relato
transmitía; pero a la vez da indicios sobre el carácter sancionador de los
relatos para impedir la observación libre del cielo y las estrellas “…en la lengua general se llamaba aquella
piedra Coyllor Sayana, que quiere decir piedra donde se paraba una estrella, y
en la lengua materna se llamaba entre los de la parcialidad (de Calango)
Yunisca Lantacaura, que significa la vestidura o pellejo de la estrella. Este
nombre tuvo desde que habiéndose subido sobre la piedra un indio y una india al
acto venéreo, y estando él mirando al cielo, cayó una estrella y los confundió
entrambos, y que por esto no se atrevía ningún indio a ofender a la piedra, ni
a intentar en tales actos mirar las estrellas, y aquellos cercos junto al pie,
eran el Cantaucaro que era figura de aquella estrella para memoria de aquel
castigo…”.
Fig.2 Representación del mito de Huita Cuma en los
petroglifos del cerro Mulato
Huita Cuma el sacerdote que desafío
las fuerzas celestiales
Aunque
en Calango (Lima) la piedra que conservaba los petroglifos fue destruída como
parte de los procesos de extirpación de idolatrías, en el caso de Lambayeque un
conjunto de petroglifos asociados a un relato moralizante registrado por Augusto
León Barandiaran (1938) bajo el nombre de ¨El venado: aerolito terrestre¨, si
ha podido conservarse.
El
relato tiene como escenario un templo ubicado en las inmediaciones de
Chongoyape (¿Cerro Mulato?) y narra que en tiempos prehispánicos un sacerdote
llamado Huita Cuma, efectuando rituales durante una noche de luna llena en
honor a las fuerzas celestiales, decidió modificar el procedimiento. En lugar
de agachar la cabeza y efectuar la ¨mocha¨ elevando los brazos, decidió bajar
los brazos y mirar hacia el firmamento. El cambio del ritual, dio origen a un
castigo, por ello un bólido celeste impacto sobre Huita Cuma y el templo
destruyendo a ambos. A consecuencia de ello, el sacerdote y el bólido celeste
se unieron en un solo cuerpo dando origen al venado, animal que adquirió sus
atributos: la velocidad, la belleza y la delicadeza.
Fig.3 Dibujo del
rupestrólogo cubano Antonio Nuñez Jimenez de los petroglifo de Huita Cuma
Creemos
haber identificado el petroglifo que hace referencia a este mito normativo en
el cerro Mulato. El rupestrólogo cubano Antonio Nuñez dibujo dichos petroglifos
y los presenta sin relación entre ellos con los números 186 y 187 y bajo la
denominación “Figura antropomorfa con aditamento tipo tumi” y “Yawar fiesta”
respectivamente. Por nuestra parte consideramos que ambos responden a un mismo
discurso narrativo . Las dos piedras ubicadas de manera contigua muestran, la
primera de ellas a una figura humana que caída, mira hacia el cielo, levanta
los brazos y abre las palmas de las manos. Porta un tumi en la cintura, lo que
insinúa su condición sacerdotal. Tendríamos aquí la imagen de Huita Cuma en el
instante que desafiando el ceremonial efectúa la mocha con los brazos
levantados; pero mirando al cielo. La piedra contigua, nos muestra en un primer
plano a un venado macho de gran tamaño y tras él la imagen radiante, del
aerolito celestial del relato.

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