sábado, 25 de enero de 2020

PETROGLIFOS Y NARRATIVA SAGRADA DEL CERRO MULATO


PETROGLIFOS Y NARRATIVA SAGRADA DEL CERRO MULATO

Por : David Ayasta Vallejo

Uno de los sitios con petroglifos, emblemático para la región lambayecana, es el cerro ¨Mulato¨ (Chongoyape). Ubicado a 200 m.s.n.m, la zona corresponde a la parte superior del principal río lambayecano: el Chancay-Reque.

Distante a menos de un kilómetro al norte del mismo Chongoyape,  posee piedras de granito rojo; situación que explica el nombre de ¨Mulato¨. Estimados arqueológicos, señalan que fue sobre los finales del periodo Formativo (500-200 a.C. aproximadamente) que la zona fue testigo de la actividad del tallado de petroglifos.

Técnica de Elaboración
La altitud de la zona donde se ubica el ¨Cerro Mulato¨ permite un control visual muy especial del valle. Los talladores de petroglifos no obviaron ese detalle, por eso ubicaron los petroglifos en el lado oeste del cerro, mirando hacia el valle medio y bajo. Se talló la piedra con la técnica del ¨Golpeado superficial¨, una técnica que permite grabar numerosos diseños en pocos días. Para ello, eliminaban ligeramente la corteza superior de la roca, de manera que apenas profundizaban en un milímetro, los diseños. Algo muy llamativo en este santuario prehispánico, es que frecuentemente grabaron un diseño por roca. Y según Jorge Rondón (1959) hay desde diseños chavinoides hasta diseños Incas.

Representaciones
Fue de este modo que perennizaron : seres antropomorfos (uno que porta diademas y otra figura humana enlazada a águilas), representaciones zoomorfas (aves, peces, águilas, águila con pez, "gusanos", lagartijas, venados, zorros, monos, "arañas"), Figuras geométricas (triángulos, triángulos con puntos internos, óvalos con zig-zags, círculos, círculos con triángulo dentro) , representaciones celestiales (diversas figuras estrelliformes, semicírculos como una media luna con una figura antropomorfa en su parte central, cruz griega con cruz sencilla, cruz griega compleja con un punto central; cruces griegas concéntricas) , etc. (Nuñez, 1986)

Significado
Por su ubicación y las imágenes grabadas, el ¨Cerro Mulato¨, debió constituir sitio ceremonial y sagrado de singular importancia en la época. Era prácticamente un templo al aire libre, que pudo cumplir diversas funciones.

Se le concebía como un recinto de seres vinculados al mundo nocturno, el mundo de los ancestros. La presencia de imágenes petroglíficas de fauna vinculada al mundo de la noche como el venado, el life, el yaguarundí, el oso de anteojos, gato montes, etc. permiten demostrarlo. Inclusive zonas aledañas al ¨Mulato¨ sirvieron como cementerio de personajes de la élite de la época, ataviados con emblemas de poder como coronas, diademas, pectorales, orejeras, entre otros

En su cumbre del cerro, pudieron desarrollarse ceremonias de propiciación para la llegada de las aguas. Son diversas la representaciones de animales vinculados con la llegada de las aguas. Se pueden notar petroglifos del perro de orejas cortas (Atelocynus microtis), culebra gato (Leptodeira septentrionalis) y lagartijas (Microlophus peruvianus).





Fig. 1 Representación de Microlophus peruvianus (lagartija) relacionada con la llegada de las lluvias


Los senderos y estructuras acondicionadas a lo largo del cerro, permiten atestiguar peregrinaciones cultistas, chamánicas y de observación astronómica, que pudieron estar vinculadas a grandes litoesculturas que parecen representar un pez diablo (Scorpaena afuerae), el cóndor andino (Vultur griphus) y un felino. Al fin y al cabo era esta la zona, desde donde fluían las aguas que hacían posible la vida en el resto del amplio valle

Siguiendo el pensamiento del desaparecido Jean Guffroy (1999), tal diversidad de actividades, en los centros petroglíficos ¨parecen caracterizar su integración dentro de verdaderos templos al aire libre donde se realizaban reuniones¨ (p.137) las mismas que involucraban a poblaciones de la mayor parte del valle en tales actos.

Espacio originario de la narrativa norteña
Una actividad significativa en el cerro “Mulato”, parece haber sido la transmisión de la tradición oral asociada a los petroglifos y al poder de las élites sacerdotales que controlaban la zona. Al respecto es pertinente referir antecedentes coloniales entre poblaciones nativas de Lima, que dan cuenta del carácter sagrado de los petroglifos y su íntimo vínculo con las narraciones mágicas, el poder de las fuerzas celestiales y las normas sociales de la época. Antonio de la Calancha (1638) recogió un relato indígena en Calango (Lima) según los cuales, una pareja de nativos lujuriosos fueron castigados por las fuerzas celestiales, quedando perennizando el castigo y establecida la norma en la piedra y en el relato. Asi contará “Esta piedra fue tenida de tiempos inmemoriales en suma veneración…burlándose de ella un indio y una su concubina en el acto venero, y estando (sobre la piedra) en su lasciva sensualidad, a vista de otros, cayó un fuego del cielo ( estrella dicen los indios) y no es tierra donde truena ni caen rayos, y sobre la piedra quedaron muertos los sensuales, y en cenizas sus huesos, y quedó el terror en los asistentes, y el miedo en los sucesores, y figuraron una como estrella junto a la pisada…”. Una segunda versión de dicha relato recogido por el mismo Calancha confirma que el petroglifo perennizaba la enseñanza moral que el relato transmitía; pero a la vez da indicios sobre el carácter sancionador de los relatos para impedir la observación libre del cielo y las estrellas “…en la lengua general se llamaba aquella piedra Coyllor Sayana, que quiere decir piedra donde se paraba una estrella, y en la lengua materna se llamaba entre los de la parcialidad (de Calango) Yunisca Lantacaura, que significa la vestidura o pellejo de la estrella. Este nombre tuvo desde que habiéndose subido sobre la piedra un indio y una india al acto venéreo, y estando él mirando al cielo, cayó una estrella y los confundió entrambos, y que por esto no se atrevía ningún indio a ofender a la piedra, ni a intentar en tales actos mirar las estrellas, y aquellos cercos junto al pie, eran el Cantaucaro que era figura de aquella estrella para memoria de aquel castigo…”.





Fig.2 Representación del mito de Huita Cuma en los petroglifos del cerro Mulato


Huita Cuma el sacerdote que desafío las fuerzas celestiales
Aunque en Calango (Lima) la piedra que conservaba los petroglifos fue destruída como parte de los procesos de extirpación de idolatrías, en el caso de Lambayeque un conjunto de petroglifos asociados a un relato moralizante registrado por Augusto León Barandiaran (1938) bajo el nombre de ¨El venado: aerolito terrestre¨, si ha podido conservarse.
El relato tiene como escenario un templo ubicado en las inmediaciones de Chongoyape (¿Cerro Mulato?) y narra que en tiempos prehispánicos un sacerdote llamado Huita Cuma, efectuando rituales durante una noche de luna llena en honor a las fuerzas celestiales, decidió modificar el procedimiento. En lugar de agachar la cabeza y efectuar la ¨mocha¨ elevando los brazos, decidió bajar los brazos y mirar hacia el firmamento. El cambio del ritual, dio origen a un castigo, por ello un bólido celeste impacto sobre Huita Cuma y el templo destruyendo a ambos. A consecuencia de ello, el sacerdote y el bólido celeste se unieron en un solo cuerpo dando origen al venado, animal que adquirió sus atributos: la velocidad, la belleza y la delicadeza.









Fig.3  Dibujo del rupestrólogo cubano Antonio Nuñez Jimenez de los petroglifo de Huita Cuma


Creemos haber identificado el petroglifo que hace referencia a este mito normativo en el cerro Mulato. El rupestrólogo cubano Antonio Nuñez dibujo dichos petroglifos y los presenta sin relación entre ellos con los números 186 y 187 y bajo la denominación “Figura antropomorfa con aditamento tipo tumi” y “Yawar fiesta” respectivamente. Por nuestra parte consideramos que ambos responden a un mismo discurso narrativo . Las dos piedras ubicadas de manera contigua muestran, la primera de ellas a una figura humana que caída, mira hacia el cielo, levanta los brazos y abre las palmas de las manos. Porta un tumi en la cintura, lo que insinúa su condición sacerdotal. Tendríamos aquí la imagen de Huita Cuma en el instante que desafiando el ceremonial efectúa la mocha con los brazos levantados; pero mirando al cielo. La piedra contigua, nos muestra en un primer plano a un venado macho de gran tamaño y tras él la imagen radiante, del aerolito celestial del relato.








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